martes, 17 de septiembre de 2013

EL RINCON





Hace mucho… mucho tiempo, que no me pongo delante de un teclado a divagar de lo divino y lo humano;  y la verdad es que siempre tengo alguna historia que contar, ... o que me cuentan,  bien por ocurrida, bien por inventada;  pero hay una especie de áurea  invisible de desgana que me envuelve,  y tengo que estar en continua rutina programada  si no… , me sienta en un rincón del sofá más viejo, de la habitación más sola que da a poniente,  de cualquier casa vacía y allí me deja horas y horas. 
 
Yo me engaño y me digo,  que es que son preciosos los atardeceres, o que no hay  paz más  inmensa que ver cómo se va la luz del día minuto a minuto…  pero que va!….  luego cuando ya es de noche,  y no tengo más remedio que encender la luz, siento como se me perdió en un rincón del sofá más viejo, de la habitación más sola que da a poniente, de cualquier casa vacía…   toda una tarde de mi vida.

Aunque reconozco que dejarse llevar  por esa pereza tibia engancha; y mientras estoy en ese quehacer de no hacer nada, me voy a otros sitios;   ... al lado de otras personas… , a otras realidades paralelas… ,  en definitiva,  conjugo  el verbo querer en casi todos sus tiempos, desde el deseo más intimo  del pretérito imperfecto,   a preguntarme  del porqué algunas veces  resultó  que ese deseo,  acabó siendo pretérito pluscuamperfecto.


En fin…  Ya sé que no vale como excusa casi para nadie… y en cuanto oscurezca del todo tampoco para mí, pero este atardecer  tiene una luz llena de tonos que van desde el violeta  al rojo  para morir  naranja en el horizonte, la temperatura es la justa para evadirte al país de peter pan, y la brisa no deja de  murmullar música zen cerca del rostro… como decir que no… al rincón del sofá  más viejo, de la habitación más sola que da a poniente, de cualquier casa vacía...

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